¿Qué lugar ocupa la naturaleza en la vida cotidiana de los niños?
En este nuevo artículo de AMI Voices, la formadora AMI Angela Shang reflexiona sobre el vínculo entre los niños y el mundo natural en una época marcada por las pantallas y los entornos digitales.
A partir de las observaciones de María Montessori y de investigaciones actuales sobre desarrollo infantil, la autora invita a repensar el lugar de la naturaleza en la educación y en la vida diaria de los niños. Más que una actividad ocasional o un contenido para aprender, la naturaleza aparece como una experiencia esencial para el desarrollo, la atención, la responsabilidad y el sentido de pertenencia al mundo.
👉 A continuación, compartimos la traducción completa del artículo. Texto extraído de AMI Voices:
https://montessori-ami.org/trainingvoices/let-nature-call-children. Traducción al español realizada por FAMM.
Los niños de hoy pasan mucho más tiempo frente a las pantallas que las generaciones anteriores. Muchos pueden navegar por una tablet o un smartphone con facilidad, pero tienen muchas menos oportunidades de trepar a un árbol, excavar en la tierra o ver crecer las plantas.
Su atención se ve atraída cada vez más hacia entornos digitales de movimiento rápido, mientras que los ritmos más lentos del mundo natural juegan un papel menor en sus vidas diarias.
Una respuesta común a este cambio ha sido introducir «actividades en la naturaleza» ocasionales o lecciones al aire libre. Sin embargo, Maria Montessori ofreció una visión mucho más profunda hace casi un siglo.
En El descubrimiento del niño, escribió:
«Un niño necesita vivir naturalmente y no simplemente tener un conocimiento de la naturaleza».
Esta sencilla afirmación desafía un malentendido común. A menudo se trata a la naturaleza como algo sobre lo que los niños pueden aprender a través de imágenes, libros o vídeos. Pero Montessori observó que el desarrollo del niño depende de la experiencia directa con el mundo real. Los niños no desarrollan una relación con la naturaleza aprendiendo datos sobre ella; desarrollan esa relación viviendo en ella.
La mente absorbente y la experiencia
En La mente absorbente, Montessori describió la mente del niño pequeño como una que no recibe simplemente información de forma pasiva. En cambio, absorben impresiones de su entorno y se construyen gradualmente a sí mismos a través de estas experiencias. Por esta razón, el entorno en el que vive el niño no es simplemente un trasfondo para el desarrollo; moldea activamente la mente, el movimiento y la comprensión del niño.
Montessori enfatizó repetidamente que los niños pequeños aprenden a través del movimiento, los sentidos y la experiencia directa. Necesitan tocar, explorar, manipular y observar el mundo que les rodea.
La investigación reciente en psicología del desarrollo y neurociencia ayuda a explicar por qué estas experiencias son tan importantes. Cuando los niños exploran entornos naturales, encuentran una rica gama de experiencias sensoriales: la textura del suelo, el movimiento del agua, el olor de las plantas, el sonido del viento. Estas experiencias variadas estimulan múltiples sistemas sensoriales y apoyan el desarrollo de redes neuronales en el cerebro.
Los entornos naturales también apoyan el desarrollo de la atención. Los investigadores que estudian lo que a veces se llama restauración de la atención han descubierto que el tiempo pasado en la naturaleza puede ayudar a los niños a recuperarse de la fatiga mental y apoyar la concentración sostenida.
Esto es particularmente importante en la era digital. Muchos entornos digitales están diseñados para captar la atención de forma rápida y repetida. Los entornos naturales, por el contrario, invitan a una forma de atención más lenta y sostenida: el tipo de compromiso profundo que Montessori describió cuando observó a los niños absortos en una actividad significativa.
Observaciones de Montessori sobre los niños en la naturaleza
Montessori hizo una observación sorprendente sobre la relación de los niños con la naturaleza. Notó que en la ciudad un niño podría quejarse de fatiga después de solo una caminata corta. Sin embargo, cuando el mismo niño está en un entorno natural, incluso un niño muy pequeño puede caminar largas distancias sin cansarse.
La diferencia, sugirió, no es simplemente física; la naturaleza estimula la curiosidad, el movimiento y el interés del niño de una manera que los entornos artificiales a menudo no lo hacen.
Montessori también reflexionó sobre cómo la vida moderna puede distanciar a los seres humanos de la naturaleza. Escribió:
«El hombre civilizado es una especie de prisionero contento».
En nuestros esfuerzos por protegernos de la incomodidad, cerramos ventanas, evitamos el clima y limitamos el contacto de los niños con el entorno natural. Gradualmente nos separamos del mundo mismo que sostiene la vida.
Montessori advirtió que cuando los niños se separan de la naturaleza por largos períodos, algo importante en su desarrollo puede perderse; describió esto como una especie de alienación de la naturaleza. Sin embargo, también enfatizó que nuestra relación con la naturaleza puede cultivarse a través de la experiencia:
«Como todo lo demás, el sentimiento por la naturaleza crece con el ejercicio».
En otras palabras, el amor por la naturaleza no aparece simplemente de forma automática; crece a través de repetidas oportunidades de interactuar con el mundo vivo.
El jardín en la educación Montessori
Para Montessori, el contacto con la naturaleza no era simplemente una actividad de enriquecimiento; era una parte esencial del entorno del niño.
En una conferencia dada en Kodaikanal en 1944, Montessori habló sobre la importancia del jardín en la Casa de los Niños. Enfatizó que el jardín no debe ser decorativo, sino significativo para el niño.
Varios principios surgen de sus observaciones:
Primero, el jardín debe estar a la escala del niño.
El objetivo no es crear un espacio grande o impresionante, sino un lugar donde los niños puedan conocer cada planta y desarrollar una relación con el entorno que les rodea.
Segundo, la jardinería debe implicar trabajo real.
Los niños pueden participar en la siembra, el riego, el deshierbe y la cosecha. Estas actividades compartidas dan al trabajo un significado real y permiten a los niños contribuir a su comunidad.
Tercero, el jardín debe tener un propósito práctico.
Montessori a menudo sugería cultivar tanto verduras como flores. Cuando los niños ven que su trabajo produce alimentos que se pueden comer, la actividad se vuelve profundamente significativa.
También notó que los niños a menudo están particularmente fascinados por la cosecha. Los adultos a veces asumen que los niños estarán más interesados en plantar semillas, pero ver los resultados del crecimiento lleva naturalmente a los niños a hacer preguntas sobre cómo ocurrió ese crecimiento. La experiencia conduce a la curiosidad, y la curiosidad conduce al aprendizaje.
La naturaleza y el desarrollo de la responsabilidad
Montessori también observó que el contacto con la naturaleza despierta una cualidad moral importante en el niño.
Cuando un niño cuida una planta, aprende rápidamente que sus acciones tienen consecuencias. Si una planta no se riega hoy, puede sufrir mañana.
Montessori escribió que pocas experiencias hacen más por despertar la previsión y la responsabilidad en los niños pequeños. De esta manera, cuidar de los seres vivos ayuda a los niños a comenzar a comprender la relación entre sus acciones y el futuro.
La naturaleza en la era digital
Las ideas de Montessori se sienten particularmente relevantes hoy.
En un mundo donde los niños se encuentran cada vez más con el mundo a través de las pantallas, la experiencia directa con la naturaleza se vuelve aún más importante. Los medios digitales pueden proporcionar información, pero no pueden reemplazar la riqueza sensorial del entorno natural.
Una pantalla no puede replicar el olor del suelo después de la lluvia, la textura de las hojas, el movimiento de los insectos o la luz cambiante de las estaciones. Estas experiencias nutren la curiosidad, la atención y un sentido de conexión con el mundo vivo.
Lo que esto significa para los ambientes Montessori
Para los educadores Montessori, la cuestión no es, por lo tanto, simplemente si los niños tienen «lecciones de naturaleza» ocasionales.
En cambio, debemos hacernos preguntas más profundas sobre los entornos que preparamos:
1. ¿Pertenece realmente el entorno exterior al niño?
2. ¿Existen actividades significativas conectadas con la naturaleza que el niño pueda realizar de forma independiente?
3. ¿Tienen los niños suficiente tiempo al aire libre para construir su propia relación con el mundo natural?
Montessori creía que, a través del contacto directo con la naturaleza, los niños desarrollan no solo conocimiento, sino también cuidado, responsabilidad y respeto por la vida. Escribió:
«Debe haber una provisión para que el niño tenga contacto con la naturaleza; para comprender y apreciar el orden, la armonía y la belleza en la naturaleza».
La naturaleza siempre ha estado disponible para el niño. La pregunta para nosotros hoy es si estamos dispuestos a permitir que los niños regresen a ella, no como una actividad especial, sino como una parte natural y esencial de sus vidas diarias.
Angela Shang
Formadora AMI de 3 a 6 años

